



Un viaje de amor, pérdida y propósito
Mi relación con el cáncer comenzó muy pronto en mi vida, de una forma que jamás habrÃa imaginado. TenÃa veintitantos años cuando a mi hermana Karla, de tan solo 26, le diagnosticaron cáncer de mama. Luchó con todas sus fuerzas y entereza durante cinco largos años. La vimos afrontar con valentÃa todos los tratamientos disponibles, hasta que, finalmente, ya no quedaban más opciones.
La historia de Karla nos conmovió profundamente. Pero para mÃ, significó algo más: transformó el rumbo de mi vida. Su experiencia despertó en mà un deseo ferviente de servir a los demás, de marcar la diferencia. Me llevó a la medicina y, finalmente, al campo donde encontré mi verdadera vocación: la psiquiatrÃa y la psicooncologÃa.
Creà haber experimentado la pérdida más profunda una vez. Pero la vida, con su misteriosa y dolorosa simetrÃa, me trajo de vuelta a ese lugar años después; esta vez, con mi amado esposo.
A través de tragedias personales y dedicación profesional, he llegado a comprender el cáncer no solo como un diagnóstico médico, sino como una profunda ruptura emocional, espiritual, psicológica y social. Afecta a más que el cuerpo: fragmenta vidas, familias e identidades. Pone a prueba el amor. DesafÃa la esperanza y las creencias. Y, con demasiada frecuencia, devasta a quienes menos recursos tienen para sobrellevar su impacto.
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A lo largo de los años, he acompañado a innumerables pacientes y a sus seres queridos. He visto el peso silencioso que soportan los cuidadores, las heridas emocionales que perduran mucho después de que finaliza el tratamiento y la abrumadora presión financiera que con demasiada frecuencia determina si alguien recibe atención médica o no.
Estas experiencias —Ãntimas, crudas y profundamente humanas— se han convertido en la base de mi labor en la organización sin fines de lucro. Esta fundación nació de la pérdida, pero perdura gracias a su propósito. Existe para apoyar a quienes viven con cáncer, especialmente en comunidades marginadas, donde la carga es más pesada y la ayuda suele ser escasa.
Te invito a recorrer este camino conmigo, para ayudar a brindar alivio, dignidad y esperanza a quienes más lo necesitan. Cada acto de compasión, cada recurso compartido, cada mano tendida marca la diferencia.
Juntos, podemos honrar las historias de aquellos que hemos perdido apoyando a quienes siguen luchando.
Gracias por formar parte de esta misión.
Con gratitud.
Xiomara
